23/10/10

El territorio de la arena 5

CAPÍTULO 5. EL DIARIO DE PAUL

Martes
Por encargo de Aníbal me propongo tomar apunte de todos los sucesos que sean interesantes y que reclamen nuestra atención en esta bitácora del campamento.

8:15 am. Omar ha sido el último en despertarse (no sé cómo ha podido aguantar dentro de la carpa con tanto calor), lo hemos acompañado a tomar su desayuno y se ha quejado amargamente ya que dice no haber dormido nada durante la noche. Lo callamos.

10:00 am. Esto cada vez se pone más aburrido. No tengo nada que hacer, algunos se han ido a pasear por la playa con la intención de ver si pueden sortear las lomas que se forman en los extremos de nuestra playa. Quieren ver que tal está por otros lados. Creo que tienen la esperanza de encontrar a otras personas. Ya van más de setenta horas que no vemos a nadie más que a nosotros, es una sensación rara. Estoy con Omar y la verdad es que quisiera no estar con él no porque no me caiga bien sino porque me intranquiliza. Está muy taciturno, casi no habla y se pasa el tiempo viendo el mar como hipnotizado. Creo que se está volviendo loco (ja,ja,ja)

12:24 pm. Ya me cansé de esperar al resto. Omar me ha sugerido ir a dar una vuelta por donde vinimos para ver qué tan lejos estamos de la carretera. Creo que voy a acompañarlo. Total, por aquí no hay riesgo de robo pues no se aparece nadie. Voy con la bitácora, en una de esas vemos algo interesante y por fin lleno estas hojas con algo que valga la pena.

1:10 pm. Llevamos caminando cerca de media hora y aún no hemos salido de la playa. Hemos dirigido nuestros pasos en línea recta hacia el lado opuesto de la orilla pero aún nada. Pareciera que no hemos caminado más de cien metros. Es raro. Ya me estoy cansando pero parece que Omar está decidido a llegar a la carretera así que seguiremos en la lucha.

1:45 pm. Esto es demasiado raro. Ha pasado más de una hora y seguimos viendo la playa, la orilla y el campamento como si se hallara a menos de doscientos metros. No puedo explicarlo. Omar está muy intranquilo. Nos hemos detenido hará cosa de cinco minutos y estamos viendo qué es lo que hemos hecho mal si es que algo hemos hecho mal. Nuestra primera hipótesis es que hemos estado andando en círculo. Es probable. Vamos a dejar algunas marcas en la arena para saber si ha sido así. La idea es hacer unos montones de arena y piedra lo suficientemente grandes como para poder verlos a una distancia de diez metros. En una de esas nuestras pisadas en vez de hacer círculos, están haciendo espirales. Si es así, no habrá forma de dejar de ver los montones que hemos dejado. Hemos decidido hacer uno de esos cada cinco minutos para poder asegurarnos. Otra opción, que después se la mencionaré a Omar es que estemos caminando horizontalmente a la playa pero sería raro pues hace rato que habríamos dejado de ver nuestro campamento y, sin embargo, aún lo vemos. Veremos.

2:30 pm. Esto es absurdo. Hemos caminado durante cuarenticinco minutos y nada. No hay montones de piedra y arena a la vista (lo que induce a pensar que hemos ido en línea recta, es decir, o alejándonos de la orilla o alejándonos del campamento) pero el campamento parece haberse alejado apenas unos cuantos metros. Esto no tiene lógica. Comienzo a temer por mi seguridad pues Omar no puede controlarse, creo que en cualquier momento entrará en una crisis nerviosa. Le voy a sugerir regresar al campamento. Ojalá que me escuche.

2:45 pm. Increíble. Hemos estado a quince minutos del campamento. ¿Cómo se explica que hayamos caminado durante casi dos horas con la intención de alejarnos de él? Los muchachos ya están acá. Les hemos contado y han empezado a reírse de nosotros porque dicen que son fanfarronadas. En fin.

3:00 pm. ¡Almorzamos!

3:45 pm. Aníbal dice que su paseo también fue infructuoso. Llegaron a caminarse toda la playa y, sin embargo, no pudieron ir más allá de las lomas que nos encierran. Trataron de subir pero no pudieron. Parece que tuvieron una experiencia similar a la nuestra. ¿Estaremos atrapados? César nos ha contado que primero se dirigieron hacia el sur pues, desde el campamento, parece el lado menos elevado pero que una vez que estuvieron ahí se dieron cuenta que esa supuesta escasa elevación era un error. Dice que es una pared casi lisa de por lo menos unos treinta metros de alto. Se esforzaron por tratar de escalarla pero les resultó imposible. Luego de los intentos frustrados se dirigieron hacia el lado opuesto de la playa totalmente desmoralizados ya que sabían que sería aún más imposible, como desde luego lo fue.

4:45 pm. Se ha destapado la primera botella.

6:10 pm. Percibo algo raro en el ambiente pero no podría precisar qué es. Omar ha estado muy alegre como consecuencia del mucho alcohol que se ha metido, pareciera que se ha olvidado de todos sus traumas. Desde que se abrió la primera botella se comporta muy diferente, felizmente, para bien.

6:35 pm. César ha ido a caminar un rato por la orilla, creo que está un poco melancólico. Lo entiendo perfectamente pues a mí las puestas de sol como esta me causan los mismos estragos. La sombra de nuestro amigo dibujada sobre el fondo multicolor del cielo genera una sensación especial: los tonos de ocre a negro que ahora asumen las nubes como producto del hundimiento del sol en el horizonte invitan a la reflexión. Por fin un poco de silencio.

7:20 pm. Aníbal y Omar están secando la última botella de anís que nos alumbra. Veo que César ha entrado a la carpa a buscar la primera de ron. Hay que alijar la garganta para prepararla para este trance que se avecina. Ya es noche cerrada.

7:45 pm. A preparar la comida. Hace un momento vine de lavar los platos en la orilla y me he asustado. ¡Nunca había oído rugir así al mar! Es tenebroso. Empiezo a entender a Omar. Es curioso cómo el tedio que produce lo habitual puede también producir una curiosidad malsana y una tendencia a realizar asociaciones muy imaginativas pero carentes de todo sustento. Me estoy poniendo filosófico, ese rol le compete a Omar.

9:30 pm. Omar y César se han ido ya a dormir. Ha sido un día muy agitado y estamos bastante cansados. Aníbal me ha dicho que lo espere mientras va a buscar una botella dentro de la carpa. Parece que todavía tiene físico para rato. ¡Haber hasta dónde alcanzamos! Me llaman.

9:35 pm. ¡Qué crédulo puedo ser! He entrado a la carpa para ver quién me llamaba y resulta que el bueno de Aníbal ya estaba bien dormido. No me queda otra que dormir también aunque antes debo arreglar lo de afuera. ¿Quién me habría llamado? ¡Aquí está otra vez! Los nervios están ganando la batalla, debo controlarme. Creo que vale la pena escribir todo esto…

9:37 pm. He identificado la voz que me llama y aunque me resulta muy extraño no puede ser de otra persona más que de Sergio. El mismo timbre, la misma cadencia, la misma tendencia a arrastrar la última letra de cada frase o palabra. Parece que la voz procediera de unos metros por detrás de la carpa, iré a echar un vistazo. Me llevo la linterna. Ahí está…

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